Friday, October 28, 2011

LA CAJA MISTERIOSA



¡Qué misterio!



No tengo idea si fue hace una hora, si fue ayer, el año pasado, hace siglos o milenios. No tengo la menor idea. Me estarían pidiendo mucho si es que me lo preguntan. Lo único que sé es que una misteriosa cajita de madera cayó en la Tierra, seguramente proveniente de una galaxia y planeta desconocidos.



Mucha gente ha intentado develar el Enigma de la Caja. Sin embargo, todos han fracasado: ni los más connotados científicos, intelectuales, filósofos, historiadores, arqueólogos (entre varias otras incontables disciplinas) han sido capaces de llegar a alguna conclusión.



¿Qué pasa si se abre la Caja? ¿Qué es lo que contiene realmente en su interior? ¿Hay alguna manera de averiguarlo?: son preguntas que han rondado por la cabeza de gran cantidad de personas.



Muchas teorías (casi tantas como cada habitante de nuestro planeta) se han ideado acerca de su contenido: un invasor extraterrestre, material radioactivo, insectos, dinero, una bomba atómica, plantas, libros, un blog intergaláctico, huevos de dinosaurio, ornitorrincos de Plutón, jirafas de Venus…mejor ni seguir.



Tal vez, dentro de esta Caja esté guardado el Gran Secreto de la Humanidad, aquello que nos haga felices para siempre; tal vez, esté la llave que abra la puerta de nuestra propia destrucción; tal vez, nada de eso, sino algo mejor… ¿o peor? ¿Cómo saberlo? Todos piensan acerca de la Caja, pero nadie ha logrado saber qué se esconde dentro de ella.






No intenten averiguar cómo pasó, pero hoy, aquí, en mi casa, tengo la Caja en mis manos.



Lo importante de esto es que yo, a diferencia del resto del mundo, sé algo clave acerca de ella: no sé si es por su forma, color, tamaño u otra cosa, pero tiene una particular propiedad que hace que las personas comiencen a reflexionar acerca de ella. El problema es que, con tanta cavilación, se olvidan de actuar y, por tanto, todos se quedan pensando, sin siquiera intentar abrir la Caja.



¿Por qué pasará eso? No lo sé. Y, la verdad, es que tampoco me importa, porque ahora tengo la Caja ante mí, y voy a hacer lo que nadie ha hecho: voy a abrirla. Sí, así es: voy a abrirla, y nada ni nadie podrá impedirlo.



Seguramente contiene algo que me hará muy feliz. Esto lo veo como muy probable, ya que debe traer algo que no es de este planeta, por lo que nadie más lo va a tener. Y eso me traerá cierto status. Y también poder, riqueza…mmm, creo que debo tener más cuidado: sin darme cuenta, estaba cayendo en un estado de soberbia que no es habitual en mí. ¿Habrá sido eso un efecto de la Caja? ¿O sólo habrá sido un pensamiento mío? Eso es difícil de saber. Es como preguntarse si fue primero el huevo o la gallina: ¿Qué fue primero en verdad? No lo sé. Lo único que sé es que debo abrir la Caja, debo hacer lo que nadie más ha sido capaz de hacer. Eso me hace preguntarme acerca del porqué no pudieron hacerlo, cómo es que fueron incapaces de hacer algo tan simple como abrir una cajita que ni siquiera tiene cerradura. No tiene cerradura: de aquello puede desprenderse que viene de un lugar donde la gente es buena y honesta. Porque ¿para qué guardar las cosas bajo llave si es que no hay ladrones? No, no habría necesidad.



Pensándolo bien, me gustaría irme a vivir a un lugar así. Tal vez, dentro de la Caja haya un portal que me traslade hacia allá.






¿Y la Caja?






¡Oh!...






(Misterio)

ATRAPADOS EN LA ETERNIDAD





En una calurosa tarde de verano en mi casa, encontré un curioso objeto tras la puerta de la pieza de mi hermana: se trataba de un pequeño espejo, con un vistoso marco azul. Movido por mi incesante y casi infantil curiosidad, lo tomé y lo llevé al baño, con el objetivo de presentarle a uno de sus hermanos, el cual vive permanentemente en ese lugar.






Al hacer la presentación, sucedió lo inesperado: ambos hermanos, en señal de agradecimiento, me invitaron a hacer un viaje. Yo agradecí la propuesta, pero me excusé de llevarla a cabo, argumentando que ya había estado suficiente tiempo lejos de mi hogar y que no era muy prudente iniciar un nuevo periplo cuando las vacaciones ya están llegando a su fin. Sin embargo, hicieron oídos sordos a mi respuesta (o, mejor dicho, me di cuenta de que no tenían oídos: al fin y al cabo, eran espejos). Acto seguido, me abrieron una puerta, la cual jamás había percibido, pero que siempre había estado ahí y en todos lados, silenciosamente omnipresente. En ese momento, comprendí que no era necesario planificar más días de vacaciones ni preocuparse del dinero para pagar algún pasaje. Ni siquiera había necesidad de salir de ahí. Pensé en los niños, que quieren hacer el mismo juego una y otra vez; pensé en los adultos, que gustan de ver las fotos de algún evento memorable; pensé en las canciones, que no son más que partes que se repiten una y otra vez (y las canciones, a su vez, las repiten una y otra vez en la radio, y así entran en nuestra mente); pensé en los mundiales de fútbol, que siempre se juegan cada 4 años; pensé en los alcohólicos, que siempre están pensando en volver a beber; pensé en los escolares que entran y salen del colegio, en los universitarios novatos y en los ya titulados, y en que cada año sucede eso; pensé en la gente que nace y en la que muere; pensé en los seres de la mitología, que no son más que mezclas de seres ya existentes en el mundo; pensé en el día y en la noche; pensé en los planetas girando alrededor del Sol; y pensé en que yo había estado pensando durante todo ese rato: no había parado de pensar. Había hecho eso una y otra vez. Fue ahí cuando comencé a darme cuenta.






Dentro de mi mente, avancé hacia el mañana, luego hacia el pasado mañana, y después al mañana del pasado mañana…hasta que me cansé. Ya no habían dudas: no había escapatoria. Estaba atrapado: ¡siempre había un después!






Luego de experimentar esta singular vivencia, me dirigí, ansioso, hacia la sala donde estaba el computador, con el objetivo de escribir y compartir, vía Internet, las ideas que habían invadido mi mente. Hasta que me di cuenta de que ello era imposible: el espacio para escribir aquí tiene un límite de palabras…